David Lutzardo Guara - José Miguel Muñoz
Foto: José Miguel Muñoz

En 2016 descubrí Guara Somontano y Alquézar, fue cuando oí por primera vez la frase de “Guara enamora”. Así es, en dos palabras podemos resumir y condensar mucho de esta carrera y todo lo que la rodea: enamoran sus barrancos, sus cañones, sus paisajes, la luz de las calles en la noche de Alquézar y, por supuesto, enamora su gente.

Así fue en 2016. Bueno, en la parte deportiva tampoco fue mal, donde fue mi primera victoria fuera de mis Islas Canarias. En definitiva, le tengo mucho cariño. En aquella ocasión vine solo y me quedó pena no haber traído a la familia, pero en 2018 repetimos y, esta vez sí, con toda la tropa. Así puedo compartir mi deporte y pasión con ellos, y por otro lado enseñarles y disfrutar unos días de este lugar.

Ahora nos ponemos con la parte menos interesante, con la parte deportiva. Esta prueba era importante de cara al circuito Spain Ultra Cup, que tras vencer en junio en Peñalara tenía muchas posibilidades. Desde entonces se ha convertido en objetivo de la temporada (luchar por el circuito) y con la ilusión de un niño lo estoy viviendo y afrontando.

Un inicio muy igualado

No soy un corredor de estar en puestos delanteros desde la salida, pero esta vez no quería estar muy retrasado con respecto a la cabeza. Se dio la salida y más o menos pude estar delante sin apurar mucho. Pasaron los primeros 14 kilómetros y volvemos a pasar por Alquézar, todavía de noche. Dani Aguirre, Agustín Luján y yo vamos sin apenas diferencias, aunque hay más corredores que nos acompañan. Casi que llevamos una hora y 30 minutos y estamos como si fuera la salida de nuevo.

Después de pasar la balsa, por delante va Aitor Leal al que ya no vemos. En este punto, Dani nos adelanta y nos va sacando algo de distancia poco a poco. El resto seguimos juntos en un grupo de 5-6 corredores.

La prueba está muy interesante porque han pasado más de 30 kilómetros y somos muchos los que estamos delante, apenas separados por 2-3 minutos. Ni si quiera se puede parar a hacer necesidades de fuerza mayor, en mi caso, me paré y en un plis plas pierdo al grupo (tampoco iba a influir en el desarrollo de la carrera). Antonio Martín se paró más adelante a orinar, y luego nos juntamos los dos de nuevo y seguimos así hasta el avituallamiento en Las Almunias (kilómetro 35).

Al llegar al avituallamiento no me entretengo mucho y prácticamente salimos todos juntos. Aitor primero con 1 o 2 minutos de ventaja, pero el resto, aunque algo distanciados, a la vista. Comenzamos una subida larga, al principio se van un poco Ezequiel y Dani, pero en nada nos volvemos a juntar. En la parte final de la subida Dani y yo nos hemos quedado solos y vamos segundo y tercero (kilómetro 41).

Con la mente en el Spain Ultra Cup

Tras la bajada a Rodellar me suelto un poco y me distancio algo de Dani. En la siguiente subida se acerca y nos volvemos a juntar. Seguidamente, bajada y repetimos la historia: yo me dejo llevar y vuelvo a distanciarme, y al comenzar la subida hacía Otín otra vez estamos juntos. Esta subida nos la tomamos los dos con calma y de hecho vamos hablando (al fin y al cabo, una ultra da para mucho) cuando nos damos cuenta estamos llegando a Otín. En la parte alta se descuelga un poco Dani y a partir de aquí ya tocó carrera en solitario (kilómetro 55).

Voy pensando en la clasificación del circuito y sé que es importante mantener porque tanto Agustín como Dani están detrás de mí. Van pasando los kilómetros y sigo concentrado en mantener y seguir descontando kilómetros. De vez en cuando aprovecho para mirar y retener en el recuerdo imágenes de estos parajes, siendo el tramo más bonito el que va desde Rodellar (km 44) a Las Bellostas (km 68). Aunque también fue la zona donde más calor encontré, sobre todo en los fondos de los barrancos, en las partes altas no había y se estaba de lujo. En algunos riachuelos aproveché para refrescarme un poco.

He llegado a Las Bellostas, donde me dicen que Aitor no está muy lejos, como 3 minutos. Sé que ahora vienen 10 kilómetros que van subiendo suavemente, donde intenté no perder mucho y mantener. Al llegar al Collado de Pedro Buil (km 78) coronamos el punto más alto con 1400 metros de altitud. Los siguientes 10 kilómetros tienen un poco de todo, pero excepto una pequeña subida, todo es de correr. Para los kilómetros que llevo me encuentro bastante bien. Llego al Mesón de Sevil, km 88, según me dicen Aitor está como 2′ o 3′: no pierdo tiempo en el avituallamiento y salgo rápido, es aquí donde me decido a forzar un poco más, ya que si flaqueo no queda mucho para meta, y quién sabe si me puedo acercar a Aitor.

Afortunadamente me acerqué, en torno al km 95-96 en el fondo de un barranco, pero luego vino un pequeño repecho y al verme cambió y apretó. Ahí y en los siguientes 2 kilómetros para llegar al avituallamiento, que son llanos, me llegó a sacar tiempo. Al llegar a Radiquero (km 98) creo que me sacaba 1 o 2 minutos, viendo que estaba algo justo de fuerza en la subida y con esa ventaja, aunque era pequeña, también quedaba poco de carrera (algo más de 2 kms de subida y otro tantos de bajada). Sabía que eso eran como 30′ de carrera y que era casi imposible recortar esa diferencia. Por mi parte, me relajé y disfruté de estos últimos kilómetros, muy contento porque lo había intentado y había dado el 100%.

Recta final con sorpresa

Pero… ¿Qué paso? Voy entrando al pueblo y algunos dicen que viene el primero, algo que me llama la atención. Veo a Marc de Sport HG y me felicita, y yo le pregunto si Aitor ha pasado. Marc dice: “no, no ha pasado”, a lo que respondí “pues se ha perdido”. De pronto siento una gran alegría y corro rápido y feliz para entrar en meta. Un poco después llega Aitor, y nos saludamos con alegría y le digo que ha sido un pena que se hubiera extraviado.

Cara, sí. Cara ha tocado. Así son las cosas, a veces cara y otras veces cruz, a veces nos dan y otras nos quitan. Es naturalmente normal, hoy me han dado lo que me han quitado otras veces. Bueno, también ha influido el estar luchando y el estar cerca. Una pena por parte de Aitor, que se perdió a falta de 2.2 kilómetros para la meta. La constancia y luchar durante muchos kilómetros han tenido premio.

Era mi ilusión, mi objetivo, mi sueño ganar de nuevo en Alquézar. Primero porque es una carrera que me mola y segundo por mi otro objetivo de la temporada (el Spain Ultra Cup). Triunfo importante para afianzar mi primer puesto del circuito.

Termina esta historia y puedo decir que entre la salida y la meta hubo un hombre, de cuerpo pequeño, un soñador y un luchador. Después de la meta simplemente un niño, un niño sentado en el suelo, llorando y feliz de la vida. Desando ver a su familia para disfrutar con ellos, de lo deportivo y de todo lo que rodea.

Por José David Lutzardo Barroso, corredor tinerfeño de ultradistancia

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here